Con toda la información que hemos recibido acerca de la crisis financiera que viene como consecuencia de la pandemia de COVID19, ya no sabemos qué temer más, si la enfermedad en sí, o el panorama económico que dejará como secuela. La realidad es que estamos preocupados y, quizá también, un poco desorientados y para solucionar, aunque sea una parte de este estado de ánimo, es importante reflexionar en lo que podemos hacer y, sobre todo, ponernos en acción con lo que sí está en nuestras manos.
El
confinamiento ha traído consigo una completa transformación en nuestros hábitos
cotidianos, sobre todo los de consumo. Por obvias razones, se pausaron
indefinidamente las reuniones sociales, salidas a restaurantes y la posibilidad
de acudir a cualquier sitio que congregue grupos de personas. La casa se ha
convertido en el centro de operaciones de nuestra vida, lo que ha incrementado
el uso de servicios básicos de forma exponencial y de pronto modificamos la
actividad económica ordinaria de forma dramática.
Como
ya habremos visto en noticias o redes sociales, todo lo anterior provoca
grandes afectaciones financieras, de pronto el mundo se paraliza y los sectores
productivos se enfrentan a una crisis sin precedentes. Se han interrumpido los
ciclos económicos de las empresas y de las personas, hemos de ser conscientes
de ello y del papel que podemos desempeñar para mantener un mínimo de
actividad, tan indispensable ahora. Aún en cuarentena, tenemos que comer, hay
servicios básicos que siguen siendo imprescindibles y una buena alternativa
para mantener ese mínimo de actividad que comento, es enfocar nuestros recursos
de una mejor manera.
El
riesgo financiero más importante es para las micro empresas, que, según el
INEGI, tienen de 1 a 10 trabajadores y representan el 95% del total de
establecimientos del país y generan el 50% de los empleos formales. Con un
riesgo similar se encuentran las pequeñas, que tienen de 1 a 50 empleados y
representan el 4% del total de unidades económicas y ofrecen el 25% del total
de empleos.
Consumir
eso que ahora es indispensable, en este tipo de empresas más locales, es justo
el enfoque del que hablo. Lo más probable es que las compañías grandes
sobrevivan a la crisis -seguro con dificultades y con mucha labor
administrativa-, pero las micro y pequeñas difícilmente lo van a lograr sin
nuestra ayuda.
Ir
a comprar los insumos básicos en la tienda de la esquina en lugar de hacerlo en
un gran supermercado, pedir comida para a domicilio de los lugares que
conocemos o que nos recomienda alguien en quien confiamos. Una gran cantidad de
establecimientos están trabajando con normas de higiene muy estrictas y lo más
importante, con mucha creatividad, para crear productos que sea sencillo llevar
a casa. Consumir en sitios que ya conocemos y a los que les tenemos cariño,
será de gran ayuda en estos momentos.
Un
efecto colateral deseable de todo esto, sería que nos convirtamos en seres más
endémicos, que aprendamos a hacer comunidad. Que la cuarentena nos enseñe a ser
más sobrios y más eficientes, que nos acostumbremos a puntualizar prioridades y
descubramos que no necesitamos ni tanto, ni tan sofisticado. Que logremos ver
que quizá lo que requerimos en el momento está literal, a la vuelta de la
esquina.
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